Lecturas de cada día

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SÁBADO DE LA TERCERA SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO 

FIESTA: SANTO TOMÁS DE AQUINO,  doctor (Patrono de los estudiantes y de la Escuela católica)

PRIMERA LECTURA

La quise más que la salud y la belleza.

Lectura del libro de la Sabiduría   7,7-10. 15-16

Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría.

La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación tuve en nada la riqueza.

No le equiparé la piedra más preciosa, porque todo el oro, a su lado, es un poco de arena, y, junto a ella, la plata vale lo que el barro.

La quise más que la salud y la belleza, me propuse tenerla por luz, porque su resplandor no tiene ocaso.

Que me conceda Dios saber expresarme y pensar como corresponde a ese don, pues él es el mentor de la sabiduría y quien marca el camino a los sabios.

Porque en sus manos estamos nosotros y nuestras palabras, y toda la prudencia y el talento.

SALMO RESPONSORIAL   Sal 36, 3-4. 5-6. 30-31 (R.: 30a)

R. La boca del justo expone la sabiduría.

Confía en el Señor y haz el bien,
habita en tu tierra y practica la lealtad;
sea el Señor tu delicia,
y él te dará lo que pide tu corazón. R

Encomienda tu camino al Señor,
confía en él y él actuará;
hará tu justicia como el amanecer;
tu derecho como el mediodía. R

La boca del justo expone la sabiduría,
su lengua explica el derecho;
porque lleva en el corazón la ley de su Dios
y sus pasos no vacilan. R

EVANGELIO

Santifícalos en la verdad.

Lectura de santo Evangelio según San Juan   17,llb-19.

En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, Jesús oró, diciendo:

-Padre santo, guárdalos en tu nombre a los que me has dado, para que sean uno, como nosotros.

Cuando yo estaba con ellos, yo guardaba en tu nombre a los que me diste, y los custodiaba; y ninguno de ellos se perdió, sino el hijo de la perdición, para que se cumpliera la Escritura.

Ahora voy a ti, y digo esto en el mundo para que ellos mismos tengan mi alegría cumplida.

Yo les he dado tu palabra, y el mundo los ha odiado, porque no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.

Santifícalos en la verdad; tu palabra es verdad.

Como tú me enviaste al mundo, así los envío yo también al mundo.

Y por ellos me consagro yo, para que también se consagren ellos en la verdad.

COMENTARIO

   Tomás de Aquino es uno de los grandes doctores de la Iglesia. Hijo de los condes de Aquino, nace en el castillo de Rocaseca (1225) al sur de Italia. Estudia primeramente en el monasterio de Montecasino y más tarde en Nápoles. En esta ciudad toma contacto con los hermanos predicadores (los Dominicos), y a los 19 años entra ingresa en la Orden de Predicadores.

   Esta opción juvenil Tomás debe ratificarla más de una vez: primero, frente a su aristocrática familia, que siendo novicio, le secuestra y le pone en calabozo durante sei meses en el castillo de Rocaseca; y posteriormente, frente a los maestros de París, que no le permiten la docencia en la universidad por su condición de fraile mendicante.

   Tomás escribe: “La pobreza de Cristo es una de las pruebas más fuertes de su divinidad”; “la pobreza disipa los falsos intereses, aquieta la solicitud por los bienes y lo ordena todo a Dios”.

   En Tomás la Palabra de Dios en la Escritura tiene primacía sobre las otras ciencias, y hace de la oración la fuente más fecunda de sus investigaciones. Sostiene que el estudio es un ejercicio arduo, pero a la vez deleitable; “es útil a la vida contemplativa, porque preserva de la dispersión; y totalmente necesario a quienes predican y enseñan, para exhortar y refutar”.

   Muere de camino al Concilio de Lyon, junto a Terracina, el 7 de Marzo de 1274, a la edad de 49 años. Su cuerpo es trasladado a Toulouse el 28 de Enero de 1369.

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