Lecturas de cada día
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VIERNES XVI SEMANA DEL T. O. “C”
FIESTA: SANTA BRÍGIDA, religiosa, patrona de Europa
PRIMERA LECTURA
Vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí.
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas 2, 18-20
Hermanos:
Para la ley yo estoy muerto, porque la ley me ha dado muerte; pero así vivo para Dios. Estoy crucificado con Cristo: vivo yo, pero no soy yo, es Cristo quien vive en mí. Y mientras vivo en esta carne, vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó hasta entregarse por mí.
SALMO RESPONSORIAL:
33,3-11
R/ Bendigo al Señor en todo momento.
Bendigo al Señor en todo momento,
Su alabanza está siempre en mi boca;
Mi alma se gloría en el Señor:
Que los humildes lo escuchen y se alegren. R
Proclamad conmigo la grandeza del Señor,
ensalcemos juntos su nombre.
Yo consulté al Señor y me respondió,
Me libró de todas mis ansias. R
Contempladlo y quedaréis radiantes,
vuestro rostro no se avergonzará.
Si el afligido invoca al Señor, él lo escucha
Y lo salva de sus angustias. R
El ángel del Señor acampa
En torno a sus fieles y los protege.
Gustad y ved qué bueno es el Señor,
Dichoso el que se acoge a él. R
Todos sus santos temed al Señor,
Porque nada le falta a los que le temen;
Los ricos empobrecen y pasan hambre,
Los que buscan al Señor no carecen de nada. R
EVANGELIO
El que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante
Lectura del santo Evangelio según San Juan 15, 1-8.
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el labrador.
A todo sarmiento mío que no da fruto, lo arranca, y a todo el que da fruto lo poda, para que dé mas fruto.
Vosotros ya estáis limpios por las palabras que os he hablado; permaneced en mí y yo en vosotros.
Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí.
Yo soy la vid, vosotros los sarmientos; el que permanece en mi y yo en él, ése da fruto abundante; porque sin mí no podéis hacer nada.
Al que no permanece en mí, lo tiran fuera, como el sarmiento, y se seca; luego los recogen y los echan al fuego, y arden.
Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pediréis lo que deseéis y se realizará.
Con esto recibe gloria mi Padre, con que deis fruto abundante; así seréis discípulos míos.
COMENTARIO
Es muy hermosa la comparación con la que hoy describe Jesús la unión de los discípulos con él. Él es la vid, la cepa. Los fieles son los sarmientos. De la vid pasa la savia, o sea, la vida, a los sarmientos, si “permanecen” unidos a la vid. Si no, quedan secos, no dan fruto y se mueren.
Dios Padre es el viñador, el que quiere que los sarmientos no pierdan esta unión con Cristo. Ésa es la mayor alegría del Padre: “que deis fruto abundante”. Incluso, para conseguirlo, a veces recurrirá a la “poda”, “para que dé más fruto”.
La metáfora de la vid y los sarmiento nos recuerda, por una parte, una gozosa realidad: la unión íntima y vital que Cristo ha querido que exista entre nosotros y él. Esta unión tiene consecuencias importantes para nuestra vida de fe: “el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante”.
Puede ocurrir que no nos interese vivir esa unión con Cristo. Entonces no hay comunión de vida, y el resultado será la esterilidad; “porque sin mí no podéis hacer nada”, “al que no permanece en mí, lo tiran fuera y se seca”, “como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros si no permanecéis en mí”.
Es bueno que hoy nos preguntemos: ¿por qué no doy en mi vida los frutos que seguramente espera Dios de mí? ¿qué grado de unión mantengo con la cepa principal, Cristo?
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